HISTORIA

AL CAPPELLO ROSSO

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HISTORIA

En Boloña, con más de seiscientos años de historia, el hotel Al Cappello Rosso se precia de una vocación innata por la hospitalidad.

Los primeros documentos remontan al año 1375, mientras que en 1712 G.M. Mitelli, ilustre historiógrafo boloñés, en su Giuoco nuovo di tutte le Osterie che sono in Bologna (Juego nuevo de todas las Posadas de Boloña), recuerda el Capel Rosso como la que ofrecía a los clientes “exquisitas perdices asadas bien emborrazadas y acompañadas con tostadas.

Situado desde sus orígenes en la centralísima via Fusari, el hotel representa uno de los lugares de la hospitalidad boloñesa que hospedó desde el siglo XIV a los primeros “forasteros “de paso por Boloña.

Fue el obispo de Boloña Nicolò Albergati que apoyó la creación de la posada, para asegurar con este gesto su protección a los hebreos que pasaban por Boloña y que podían permanecer en la ciudad solo tres días.

El hotel Capel Rosso era el lugar ideal porque se encontraba fuera de la murallas de Boloña (que entonces se encontraban en Piazza Maggiore).

Para realizarla, se derribaron los tugurios de “via dè Fusari”.

Ya desde entonces frecuentaban Boloña numerosísimos “forasteros de paso”, a los que se registraba como huéspedes y entre ellos los hebreos que, perseguidos desde siempre, tenían la obligación de alojar en esa estructura: ésta constituía el lugar ideal porque al estar situada fuera de las murallas podían ser protegidos y al mismo tiempo tenidos bajo control.

A pocos metros del hotel hasta mitad del 400 tenía sede la Oficina delle Bollete encargada de la vigilancia de los forasteros, posaderos y meretrices.

Esto explica el motivo por el cual, en los edictos sobre las posadas de los siglos XVI y XVII, se intimara a los hebreos de paso por Boloña a alojarse solo por tres días únicamente en el hotel Capel Rosso.

De esta manera se podía efectuar una discreta y eficaz vigilancia de sus movimientos, como si se tratara de malhechores.

Por ese entonces la intolerancia de carácter religioso tenía raíces muy difíciles de extirpar.

Cuando en el siglo XIV comenzaron a construir S. Petronio, la famosa iglesia que quedó incompleta en el siglo XV para que no superase en dimensiones la de San Pedro, el Cardenal Albornoz le atribuyó ese insólito capelo que forma la enseña, como nos muestra Mitelli en su Juego de las Posadas.

La enseña de hecho tenía que indicar el alojamiento destinado a los arquitectos y artistas empeñados en la construcción de la Basílica.

En 1464 el edificio en el que se encontraba el hotel fue comprado por un célebre profesor de la Universidad de Boloña, el maestro de derecho Andrea Barbozza, noble de origen palermitana que se había transladado a Due Torri donde fundó una dinastía familiar que llegó a conseguir la dignidad senatorial.

El precio de venta fue fijado en 1706 “picchioni o pegioni”, gruesas monedas de plata acuñadas por los duques de Milán.

En la escritura del notario Giacomo Mangini se lee que se trataba de una casa ocupada por la posada del Cappello y de tres locales.

Dos de ellos se incendiaron en 1497, incendio que destruyó inclusive la contigua droguería del “Dottore”.

Popularmente conocida como la droguería “Mondino”, fue una de las primeras de Boloña, perteneciente a la familia del célebre médico Mondino de’ Liuzzi, uno de los padres de la anatomía.

En 1467 Andrea Barbazza alquiló el hotel Cappello al posadero Bertuccini por 110 liras boloñesas al año.

En el 600, las crónicas recuerdan al Capel Rosso como la posada de Boloña donde mejor se dormía y a pesar de las varias visicitudines (de las posadas y mesones recordadas por Mitelli en 1752 quedan solo dos) el hotel de Via dei Fusari es el más conocido y antiguo de Boloña.

Se llevó a cabo una importante ampliación en 1770 cuando su gestor, un tal Zecchi, lo unió a una casa trasera.

Muy apreciado inclusive por sus especialidades de caza, es decir por sus perdices, que Mitelli en la tablilla n.41 de su Juego señala como el plato fuerte.

Una reconstrucción del ambiente basada en los datos de un callejero de 1850, muestra al lado del ingreso de la posada, el local del mesón donde se podían desgustar las exquisitas perdices nombradas por Mitelli.

En la segunda mitad del 800, Alfonso Cappelli y su hijo que gestionaban el hotel lo renovaron completamente.

En un anuncio publicitario de la época entre el 800 y el 900 en el que aparece inclusive el rostro bigotudo y rubicundo del proprietario, el “antiguo y renombrado hotel-restaurante del Cappello” ofrecía a los huéspedes “habitaciones elegantes a 1,50 liras y además, luz eléctrica, teléfono, caloríferos, baños y duchas”, el confort más moderno.

Además una sala para banquetes y bodas, óptima cocina casera, selección de vinos romañolos, toscanos y piamonteses y lambrusco de Sorbara”. Todo “a precios módicos”.

En 2001, gracias a una escrupulosa reestructuración, se convirtió en uno de los hoteles más prestigiosos de la ciudad, para los amantes de la belleza, el arte, la historia, el placer. Para quienes aman los privilegios.

Wikipedia

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